Argentina atraviesa una fuerte transformación demográfica. La cantidad de nacimientos se redujo casi a la mitad en una década y la tasa global de fecundidad llegó a 1,2 hijos por mujer, pero el descenso no significa que haya desaparecido el deseo de formar una familia
Una encuesta nacional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) muestra que una parte importante de los argentinos todavía quiere tener hijos, aunque las condiciones económicas, laborales, habitacionales y de cuidado dificultan concretar esos proyectos.
El estudio "Deseos reproductivos en la encrucijada, motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad", realizado junto a Voices!, relevó a 1.515 personas de entre 18 y 70 años durante enero y febrero de 2026.
Entre las personas de 18 a 45 años, el 57% no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener si pudiera decidir sin las limitaciones que enfrenta en su vida cotidiana.
Los datos oficiales muestran la magnitud del cambio. En 2024 se registraron 413.135 nacidos vivos, frente a 777.012 en 2014. En diez años, los nacimientos se redujeron cerca de un 47%.
La tasa global de fecundidad también cayó de manera sostenida y llegó a 1,2 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de 2,1.
El fenómeno está relacionado con varios cambios sociales. Las mujeres tienen su primer hijo a edades más avanzadas, disminuyó fuertemente la fecundidad adolescente y aumentó tanto la proporción de personas que decide no tener hijos como la de quienes quieren tener menos hijos que generaciones anteriores.
Sin embargo, la encuesta de UNFPA introduce un matiz importante: tener menos hijos que antes no significa necesariamente querer tener menos hijos.
El ideal de dos hijos continúa siendo el más extendido entre las personas consultadas. El 34% señaló esa cantidad como su número ideal, mientras que el 59% se ubicó entre uno y tres hijos.
La diferencia aparece cuando se compara ese deseo con la cantidad de hijos efectivamente alcanzada.
Las principales dificultades están vinculadas con las condiciones materiales necesarias para formar una familia. El 62% de los motivos asociados a tener menos hijos de los deseados está relacionado con cuestiones económicas y de cuidado.
Entre las barreras mencionadas aparecen las dificultades económicas o financieras, con 47%, seguidas por el desempleo o la precariedad laboral, con 29%, y las dificultades para acceder a una vivienda adecuada, con 27%.
La falta de opciones de cuidado también aparece entre los obstáculos, aunque con una incidencia menor, del 11%.
El estudio muestra además una diferencia generacional entre varones y mujeres.
El 68% de los varones considera importante la paternidad para alcanzar una vida plena, mientras que entre los varones de 18 a 45 años el 54% todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener.
La diferencia es todavía más marcada entre los jóvenes. Entre los varones de 18 a 24 años, el 56% considera importante o indispensable tener hijos para alcanzar una vida plena, frente al 34% de las mujeres de la misma edad.

Según el informe, mientras entre las mujeres jóvenes aparece un cuestionamiento más marcado de la maternidad como mandato, entre los varones la paternidad continúa siendo un proyecto valorado.
Sin embargo, el deseo de ser padre no siempre se traduce en una participación equivalente en las tareas de cuidado.
Uno de los principales hallazgos de la investigación aparece al observar qué ocurre después del nacimiento.
Los varones tienen una participación relativamente mayor en las actividades recreativas, especialmente jugar con sus hijos, pero las mujeres continúan concentrando buena parte de las tareas vinculadas con las necesidades cotidianas.
Más del 60% de las mujeres con hijos señaló que se ocupa principalmente de tareas como bañarlos y vestirlos, quedarse con ellos cuando están enfermos y llevarlos al médico.
En ese contexto, solo el 21% de los varones se reconoce en un rol activo en las tareas cotidianas de crianza, mientras que su participación resulta mayor en las actividades de juego y ocio.
La diferencia también aparece al preguntar por las razones que llevaron a tener menos hijos de los deseados. El 18% de las mujeres que tuvo menos hijos de los que hubiera querido señaló que el bajo involucramiento de su pareja en las tareas de cuidado y del hogar influyó en esa decisión.
La corresponsabilidad, de esta manera, aparece como una de las variables que atraviesan los proyectos reproductivos.
La encuesta también muestra que la llegada de un hijo genera preocupaciones diferentes entre varones y mujeres.
El 33% de los varones teme que tener un hijo perjudique su relación de pareja, mientras que entre las mujeres ese porcentaje alcanza al 22%.
Se trata de la única preocupación relevada en la que los hombres presentan una proporción superior a las mujeres, con una diferencia de 11 puntos porcentuales.
Al mismo tiempo, los varones tienen una percepción más positiva sobre el impacto de la llegada de un hijo en la relación: el 73% considera que tener un hijo fortalece el vínculo, frente al 51% de las mujeres.
El informe también registra entre los hombres una mayor valoración de cuestiones como tener un hijo de determinado sexo, preservar el apellido o el patrimonio, confirmar la propia fertilidad y obtener reconocimiento social asociado con la paternidad.
El estudio también encuentra diferencias entre las nuevas generaciones.
Entre las mujeres jóvenes aparecen posiciones más definidas frente a la posibilidad de ser madres, tanto entre quienes desean tener hijos como entre quienes contemplan no hacerlo.
Entre los varones jóvenes, en cambio, aparece una mayor indefinición sobre el lugar que la paternidad ocupará en sus proyectos futuros, aunque la idea de tener hijos conserva una valoración elevada.
También persisten diferencias respecto del reparto de roles dentro de la familia. Entre los varones de 18 a 24 años, el 38% considera que el hombre debería trabajar a tiempo completo fuera del hogar y la mujer quedarse en casa para criar a los hijos, mientras que esa postura alcanza al 16% de las mujeres de la misma edad.
El dato muestra que, pese a los cambios en las formas de formar una familia, todavía conviven modelos tradicionales de organización familiar con nuevas expectativas sobre la distribución de los cuidados.
Fuente: Bae Negocios