Por Adrién Caversaschi
Estamos ante un hecho histórico. Un jugador de fútbol se retira de nuestra Selección Argentina, pero no es un jugador más. Es el jugador más grande de todos los tiempos.
El personaje más importante deportivamente hablando de los últimos 25 años, que ha trascendido a todos los ámbitos. Tanto como jugador de fútbol, hijo, padre, hombre, como referente social si nos ponemos a hilar bien fino.
Seguramente en sus inicios jamás imaginó el recorrido. De sufrir la falta de recursos para cubrir una patología congénita, que lo afectaba en su normal desarrollo, hasta hoy, empresario de múltiples actividades comerciales.
Pero detengámonos en el personaje. A los éxitos varios recogidos en Europa, que lo honraban y resaltaban por su calidad de jugador de fútbol, hasta la mirada crítica que recibía de los argentinos de bien, como solían aludir los medios cómplices de los políticos de turno.
El futbolista jamás tuvo ninguna filiación política, imperdonable para algunos, siempre estuvo al margen de las rencillas propias de mediocres personajes, jamás hizo ninguna mención hacia la falta de atención médica que el Estado pudo cubrir.
No hizo publicidad de los viajes de médicos a Barcelona, para hacer posgrados vinculados a la leucemia infantil, todo bajo su costo.

También proveyó de respiradores en plena pandemia, que quedaron varados en la aduana de Rosario.
Como sociedad deberíamos hacer un silencio respetuoso y pedirle perdón, y aprender de su humildad, renunciamiento a cualquier forma de revancha, con palabras o actitudes despectivas para los críticos de turno.
Ahora aprovechando este hasta pronto y gracias, al personaje que ha quedado en la historia grande del fútbol mundial, quiero en forma personal hacer una acotación.
La sociedad argentina de los últimos 100 años ha transcurrido en desilusiones varias, cambios sociales y políticos que nos han llevado a esta actualidad, vacías de educación y valores. Donde el éxito ajeno, es sinónimo de fracaso propio. Hemos estado sometidos a pseudos patriarcas que nos prometían con dádivas momentáneas la vida que la veíamos solo en las revistas de moda.
Es hora de tomar nota de que sin esfuerzo y sacrificio no se consigue el éxito personal, que no refiere al dinero, el éxito mirado desde la óptica de dar educación y valores a nuestra descendencia, que servirá para llenarnos de orgullo y satisfacción del deber cumplido.
Como hizo el padre del personaje de hoy, ante la convicción de encontrar una solución a un problema de salud, encontró el futuro, que acá se le negaba, no rehuyó al esfuerzo ni al sacrificio de dejar una mujer y otros hijos, fue detrás de una quimera, fue detrás de un sueño propio, y el de su hijo. Jamás perdió los valores y cuál era el norte. Ni en los momentos difíciles ni cuando llovían elogios.
Por eso tratemos de copiar el estilo, el mensaje. Como hizo este personaje, nuestro héroe infinito, que aquellos que lo vimos, aquellos que lo valoramos, incluso en la derrota, te decimos gracias, por ser como fuiste por ser como sos.
Gracias